jueves, 18 de junio de 2009

Maldita sed de oro (auri sacra fames - Virgilio, Eneida, III, 57)

Poliméstor arroja el cuerpo de Polidoro al mar
grabado del s. XVII

Para continuar con la serie de entradas sobre frases latinas que son moneda común en el lenguaje culto y académico, presento una que me parece de gran actualidad.


Cuando Eneas relata en Cartago ante Dido la historia de sus desventuras y del saqueo de Troya, Virgilio pone en boca de su héroe estas palabras para describir el brutal asesinato de Polidoro, uno de los hijos del rey Príamo, a manos del rey Tracio Poliméstor:


quid non mortalia pectora cogis / auri sacra fames!


a qué no impulsas a los mortales, ¡maldita sed de oro!


Polidoro había sido enviado por sus padres a la corte de Poliméstor con grandes riquezas, para que no sufriera las consecuencias de la guerra en Troya. Al enterarse de la caída de la ciudad, Polimestor le dio muerte para apoderarse de ese tesoro. La frase es repetida por Séneca y se convirtió, ya en la Antigüedad, en un proverbio.


La historia es relatada, con más detalles, en un magnífico pasaje de las Metamorfósis de Ovidio:


Est, ubi Troia fuit, Phrygiae contraria tellus


Bistoniis habitata viris: Polymestoris illic 430


regia dives erat, cui te commisit alendum


clam, Polydore, pater Phrygiisque removit ab armis,

consilium sapiens, sceleris nisi praemia magnas


adiecisset opes, animi inritamen avari.


ut cecidit fortuna Phrygum, capit inpius ensem 435


rex Thracum iuguloque sui demisit alumni


et, tamquam tolli cum corpore crimina possent,


exanimem scopulo subiectas misit in undas.


Hay, donde Troya estuvo, una tierra contraria a la de Frigia, habitada por los varones bistonios. De Poliméstor allí el real rico estaba, a quien te encomendó tu padre para que te educara a escondidas, Polidoro, apartándote así de las frigias armas, un plan sabio si grandes riquezas -botín de su posterior crimen- no hubiera añadido. Impulsado por un espíritu avaro, cuando cayó la fortuna de los frigios, cogió el impío Poliméstor, rey de los tracios, su espada y en la garganta de su protegido la hundió. Y como si junto con el cuerpo pudiera desprenderse de su culpa, lo lanzó exánime por una peña a las sometidas olas.


Se dice que son clásicas aquellas obras que permanecen siempre actuales. En épocas como la presente, en que la desmedida especulación a escala planetaria ha generado una crisis económica de proporciones descomunales y que afecta, sobre todo, a los más pobres y débiles, la frase que aquí tratamos prueba, más allá de dudas, la actualidad de Virgilio y Ovidio. Los hombres siguen dispuestos a todo para saciar su sed de oro.