viernes, 23 de mayo de 2014

El hombre feliz y el sumo bien según Séneca

“El sumo bien es un ánimo que desprecia las cosas azarosas y se complace sólo en la virtud”, o bien “una fuerza de ánimo invencible, experta en todas las cosas, serena en la acción, llena de humanidad y de solicitud por los demás”. Se puede también definir diciendo que el hombre feliz es aquel para quien nada es bueno ni malo, sino un ánimo bueno o malo, que hace el bien, se contenta con la virtud, no se deja elevar ni abatir por la fortuna, ni conoce bien mayor que el que puede darse a sí mismo, y para quien el verdadero gozo consiste en el desprecio de los placeres.

Summum bonum est, animus fortuita despiciens, virtute lætus; aut, invicta vis animi, perita rerum, placida in actu, cum humanitate multa, et conversantium cura. Libet et ita finire, ut beatum dicamus hominem eum, cui nullum bonum malumque sit, nisi bonus malusque animus; honesti cultor, virtute contentus quem nec extollant fortuita, nec frangant; qui nullum maius bonum eo, quod sibi ipse dare potest, noverit; cui vera voluptas erit voluptatum contemptio.

Séneca, De vita beata, IV.2

domingo, 4 de agosto de 2013

El sabio y la mariposa

莊周夢蝶 Zhuāng Zhōu mèng dié

Por el límpido cielo va volando
una ligera y suave mariposa
aún más hermosa que esa misma rosa
en la que se posa de vez en cuando.

El sabio de repente despertando
no sabe si soñó ser mariposa
o si es acaso aquella mariposa
la que ahora ser él está soñando.

A sabio y mariposa por igual
les parecía todo tan real,
que ambos creían aún seguir soñando.

Pero soy yo el que los sueña. Yo el real.
¿Es así? ¿En verdad soy yo real?
¿O acaso es sólo que tú me estás soñando?

martes, 23 de julio de 2013

El desafío, escribir un soneto en una hora

He guardado silencio mucho tiempo y quería romperlo intentando algo nuevo. Me propuse, entonces, a mí mismo un desafío. Escribir un soneto en una hora con el tema más abstruso que pudiera imaginarme. He aquí el resultado.

Soneto: La verdad y el silencio

Todas las últimas respuestas se hallan
en el breve confín entre el silencio
y las palabras. Donde es el silencio
el que habla y las palabras, las que callan.
no importa si la razón allí falla
y no se entiende qué dice ese silencio,
porque es al trascender ese silencio,
que por fin todas las dudas se acallan.
Si en busca de las últimas verdades
nuestra mente allí elevarse puede,
se fundirá con lo uno y lo inefable
pero descubrirá que esas verdades
a otros comunicarlas no puede.
Permanece en silencio lo inefable.


Confieso que fracasé, porque me llevó dos horas componerlo. Tampoco logré, como quería, acentuar siempre la sexta sílaba…