viernes, 23 de septiembre de 2016

Carpe diem – El sentido original de la frase


Gracias a la hermosa película La sociedad de los poetas muertos (Dead Poets Society – 1989), la frase latina carpe diem es una de las citas latinas más conocidas y populares. La traducción literal es sencilla, “toma el día” o “aprovecha el día” pero el sentido de la frase se traduce quizás mejor como “disfruta el día”.

En la película, la frase es un ejemplo más de una tema sobre el cual el prof. de literatura John Keating insiste en su original enfoque a la enseñanza: la incitación a sus alumnos para que hagan de sus vidas algo extraordinario. Esta idea es interpretada por sus alumnos como un impulso para romper con el conformismo conservador de la educación que reciben y de los mandatos familiares que buscan fijar su futuro. La frase ha sido adoptada en la cultura popular con el significado que se le asigna en la película pero en su contexto original el sentido es bastante diferente.

La expresión tiene su origen en una oda (la I.11) del poeta romano Horacio (65 - 8 a.C.), redactada a finales del siglo I a.C., es decir, hace más de dos mil años.

Aquí el texto original con mi traducción en prosa (algo libre) a la derecha:


Tu ne quaesieris, scire nefas, quem mihi, quem tibi
Finem di dederint, Leuconoe, nec Babylonios
Temptaris numeros. Ut melius quidquid erit pati,
Seu pluris hiemes seu tribuit Iuppiter ultimam,
Quae nunc oppositis debilitat pumicibus mare
Tyrrhenum: sapias, vina liques, et spatio brevi
Spem longam reseces. Dum loquimur, fugerit invida
Aetas: carpe diem, quam minimum credula postero.

No te preguntes, Leuconoe, cuánto de vida nos darán a ti y a mí los dioses, pues no es licito saberlo. No intentes averiguarlo recurriendo a los cálculos de los babilonios. Es mucho mejor aceptar lo que sea que nos toque; ya sea que Júpiter nos reserve todavía muchos inviernos o que sea el último éste, que ya roe las rocas de la costa de mar tirreno. Sé más sabia, filtra el vino y deja de lado las grandes esperanzas, porque nuestra vida es breve. Mientras hablamos, se nos escapa, envidioso, el tiempo. Disfruta este día y confía lo menos posible en que habrá un mañana.


La idea expresada en este poema era ya un tópico literario arraigado en la literatura grecorromana para el momento en que Horacio lo escribió. Se trata de una reflexión sobre la brevedad de la vida humana y sobre la importancia de aprovechar los pasajeros momentos que a cada uno le tocan en suerte vivir. Encontramos un sentimiento muy semejante, por ejemplo, en el famoso siguiente poema de Catulo, aunque adaptado a un tema amoroso (cito a continuación sólo la parte relevante):


Viuamus, mea Lesbia, atque amemus,
rumoresque senum seueriorum
omnes unius aestimemus assis.
Soles occidere et redire possunt:
nobis, cum semel occidit breuis lux,
nox est perpetua una dormienda.
Vivamos, mi querida Lesbia, y amemos y no demos un centavo por las opiniones de los viejos escrupulosos. Los soles pueden morir y renacer, pero nosotros, cuando se apaga nuestra breve luz, debemos dormir una noche perpetua.


En el caso de Horacio, el tópico literario de la vida breve es conectado con los preceptos de la escuela de Epicuro. La misma era una de las sectas filosóficas más radicales del mundo antiguo, que afirmaba que el hombre debía despreocuparse por la muerte y dejar de lado los temores frente a los dioses para concentrarse en el placer como única vía a la felicidad. Si bien a lo largo de la historia muchos han caracterizado a Epicuro como un partidario del exceso desenfrenado, el filósofo concebía, en realidad, a ese placer como un goce moderado y racional que permitiera al hombre alcanzar una posición de tranquilidad mental y florecimiento personal. 

En ese sentido, Horacio insiste en sus poemas en la necesidad de contentarse con escasas posesiones, de llevar una vida ociosa y retirada, de dedicarse a placeres sencillos y, sobre todo, de mantener una mente tranquila y libre de preocupaciones. Podría citar muchos pasajes de su obra para ilustrar estas ideas. A modo de ejemplo, elijo este fragmento de la oda III.1 (con mi traducción en prosa):


desiderantem quod satis est neque
tumultuosum sollicitat mare
nec saevus Arcturi cadentis
impetus aut orientis Haedi,

non verberatae grandine vineae
fundusque mendax arbore nunc aquas
culpante, nunc torrentia agros
sidera, nunc hiemes iniquas.
Al que desea sólo lo necesario no lo inquietan los tumultos del mar, ni los crueles asaltos de Arturo en su ocaso ni el ascenso de Haedus (nota: se trata de dos constelaciones que aparecen en el cielo en octubre anunciando las tormentas). Tampoco teme al granizo golpeando sus viñedos, ni a un suelo mentiroso con plantas que culpan ya a las aguas, ya a los astros que abrazan los campos, ya al hostil invierno.



Como vemos, la idea que Horacio pretende expresar con la frase carpe diem es distinta de la que se presenta en La sociedad de los poetas muertos. De hecho, la idea del poeta es que quien busca hacer algo extraordinario se equivoca y se aleja del camino que podría conducirlo a la tranquilidad y la felicidad: una vida sencilla, retirada de las grandes empresas y limitando los propios deseos a la satisfacción de las necesidades básicas.

sábado, 6 de agosto de 2016

Caesar non est supra grammaticos

Segimundo arribando al Concilio de Constanza

El Concilio de Constanza, celebrado en esa ciudad alemana entre 1414 y 1418 tuvo una trascendental importancia. No sólo porque puso fin a un largo cisma de la iglesia o porque con la condena de Juan Hus dio origen a largos conflictos, sino también porque fue la asistencia al mismo lo que permitió a Poggio Bracciolini emprender sus viajes en busca de manuscritos de textos antiguos olvidados, en los que haría sensacionales hallazgos (tema sobre el que ya traté en otra entrada).

El concilio de Constanza también nos dejó la bella anécdota que quiero contar aquí. La misma es repetida por diversos autores citando siempre fuentes distintas. He encontrado la versión más antigua en la HISTORIA GENEALOGICA Palatino-Neoburgico-Bavarica de Gottfried Ferdinand von Buckisch und Löwenfels publicada en 1687.

El concilio fue convocado por el sacro emperador romano germánico, Segismundo de Luxemburgo. En su discurso de apertura frente a los dignatarios eclesiásticos reunidos, el emperador dijo:

Date operam ut illa nefanda schisma eradicetur

Esforzaos por erradicar esa nefanda cisma

Segismundo utilizó la palabra schisma (cisma), como si se tratara de un sustantivo femenino. Ciertamente la gran mayoría de los sustantivos latinos terminados en “a” son de género femenino, pero el término schisma es en realidad un concepto prestado del griego, σχίσμα. Como muchos otros sustantivos griegos terminados en "ma", σχίσμα es neutro y ese es, por lo tanto, también el género correcto de schisma en latín.

Uno de los asistentes al concilio, un cardenal llamado Placentio (su nombre varía en distintas versiones de la historia) hizo notar a Segismundo que había cometido un error:

Domine, ista locutio tua est parum grammatica, cum schisma sit generis neutrius.

Señor, vuestra expresión es gramaticalmente incorrecta, pues cisma es de género neutro.

Segismundo, visiblemente molesto porque se lo corrigiera respondió:

Domine, ista locutio tua est parum ethica.

¡Señor, vuestra expresión es poco ética!

El emperador preguntó a continuación quién determinaba que debiera hablarse de esa manera. El cardenal comenzó entonces a mencionar a antiguos gramáticos como Prisciano y otros cuya autoridad reafirmaba su corrección. Segismundo todavía más enojado exclamó que él era el emperador y que estaba por encima de la gramática (Ego sum rex Romanus et supra grammaticam) y que, de la misma manera en que era el señor sobre tierras, hombres y leyes, lo era también sobre las palabras y podía, en consecuencia, determinar su género a voluntad.

El cronista comenta que la respuesta del emperador fue desacertada, pues un lenguaje es un espacio más amplio que el dominio de un rey. Según algunas versiones de la historia, el cardenal Placentio se quedó con la última palabra y respondió:

Caesar non est supra grammaticos.

El César no está por encima de los gramáticos.

La celebridad de esta frase se debe, sin embargo a que el filósofo Immanuel Kant la utiliza en su pequeño tratado ¿Qué es la ilustración” (Was ist Aufklärung), como referencia a lo que debe ser el poder limitado del monarca frente a la libertad de expresión de sus súbditos.