viernes, 8 de mayo de 2009

Petrarca y el humanismo





Sibi et post eum ascendere volentibus viam aperuit
“Abrió una vía para sí mismo y para los que querían ascender después de él”
Giovanni Bocaccio sobre Francesco Petrarca en una carta a Jacopo Pizzinga escrita en 1372

La consolidación del humanismo como corriente de pensamiento organizada está indisolublemente ligada a la figura de Francesco Petrarca (1304-74). Su singular talento supo dar forma al nuevo espíritu de la época
-como lo demuestra su éxito inmediato y arrollador- e impregnar con su carácter el desarrollo posterior en forma decisiva. Petrarca es conocido y leído hoy principalmente por su poesía italiana, él fue, sin embargo, mucho más que un poeta, fue en cierta medida -por lo menos considerado a partir de los estándares de la época- también un historiador, un filólogo, un diplomático, un educador y, sobre todo, un líder intelectual, capaz de inspirar a numerosos discípulos con sus ideales.



Vástago de una familia de exiliados políticos florentinos, Petrarca nació en Arezzo y pasó parte de su niñez en la corte papal en Aviñon. Formado, por imposición paterna, como jurista en Montpelier y Bolonga, Petrarca sintió, sin embargo, desde su temprana juventud una fuerte inclinación por la literatura y, especialmente, por la latina antigua. Antes que un gran renovador, Petrarca representa, más bien, una figura de transición que supo dar a algunas de las nuevas ideas que circulaban en su tiempo una forma especialmente atractiva. Esbozos de muchas de sus ideas centrales son reconocibles ya en la obra de algunos de sus precursores intelectuales, como por ejemplo Albertino Mussato. La en este tiempo ya muy difundida pasión por el pasado de Roma es también claramente perceptible en el intento de Cola di Rienzi de restaurar la república romana. Petrarca combina todas estas ideas presentes en el ámbito intelectual de su época y las presenta en un conjunto especialmente atractivo. En Petrarca pueden reconocerse ya algunas de las características que serán típicas en humanistas posteriores: una pasión especial por el latín como lengua viva, un esfuerzo por recrear un estilo clásico -modelado principal, pero no exclusivamente en las obras de Cicerón-, una aproximación global a la cultura antigua y la entronización del ideal de la humanitas.


Frontispicio de un manuscrito de Petrarca

Petrarca llevó adelante una carrera como funcionario eclesiástico para tener los medios y la disponibilidad de tiempo para dedicarse a sus estudios. Al servicio de varios patrones nobles realizó como agente diplomático extensos viajes, los que aprovechó para recolectar manuscritos de autores antiguos hasta entonces fuera de circulación. Sus viajes fueron también una oportunidad para garantizarle una amplia repercusión a sus ideas, especialmente en Italia. Petrarca recopiló una, para su época, enorme biblioteca, siendo muchos ejemplares copiados por él mismo. Algunos de los textos más importantes con los que hoy contamos gracias a él son, por ejemplo, la correspondencia entre Cicerón y Ático, también las cartas a Quinto y a Bruto, el pro Archia y lo que se conserva de Tito Livio. Pero Petrarca fue también, con las limitaciones propias de su época, lo que podríamos denominar un historiador de la Antigüedad. Su obra De viris illustribus es una serie de biografías de notables personajes de la Antigüedad, mientras que sus rerum memorandarum libri IV consisten simplemente de una colección de anécdotas morales. Estas obras marcan, sin embargo, una ruptura metodológica con la historiografía de la Edad Media. Petrarca dejó de lado las leyendas comunes en su tiempo y se basó sólo en los testimonios directos de los autores antiguos a su alcance. En algunos casos recurrió incluso a fuentes no literarias. Él es también uno de los primeros en coleccionar monedas antiguas e inscripciones, y en contemplar las ruinas de Roma con un interés histórico. Con él comienza, de hecho, el estudio de los restos arqueólogicos romanos. En su época se conservaba mucho que hoy ya ha desaparecido hace siglos pero, lamentablemente, gran parte de la herencia antigua de la ciudad había sido completamente destruida una generaciones antes de Petrarca en los combates entre Brancaleone y los nobles romanos de 1258.


Manuscrito de Petrarca

La principal ruptura con la historiografía medieval es, sin embargo, el hecho de que Petrarca deja de lado una autoridad o un principio teológico como eje estructurador de la historia. Petrarca no es el único representante de esta nueva historiografía en siglo XIV. Otro autor destacable, hoy prácticamente olvidado, es Giovanni de Matociis, el autor de una historia imperialis, es decir, una colección de biografías de emperadores romanos. De Matociis fue el primero en utilizar monedas como fuentes históricas, lo que lo coloca claramente por delante de los estándares historiográficos de su tiempo. Pero el impacto y difusión de su obra fueron muy inferiores a los de Petrarca.


Boccaccio

El humanismo como movimiento fue ajeno al ambiente universitario, dominado por teólogos, juristas y médicos. Por eso la difusión se realizó en forma informal gracias a la capacidad de Petrarca de inspirar a un número relevante de distinguidos discípulos que le dieron a sus ideas un carácter de movimiento. Siguiendo su modelo, la mayoría de los humanistas destacados serían profesores errantes que enseñaban o disertaban por breves períodos en cada lugar. Su sede más habitual serían las cortes de los príncipes, las cancillerías de las repúblicas, o la curia papal y no las casas de estudio, donde su empleo sería, por lo general, sólo ocasional. Uno de sus discípulos más importantes fue, sin duda, Giovanni Boccaccio (1313-1375), recordado hoy sobre todo por el Decamerón, una obra maestra de la literatura italiana y universal.
Como afirma Boccaccio en la cita que encabeza esta entrada, Petrarca abrió una nueva vía intelectual y ha inspirado a muchos a seguirlo. Todos los que nos dedicamos a la investigación y la docencia, sin importar nuestra disciplina, estamos entre quienes seguimos sus huellas.

3 comentarios:

Basurero Usurero dijo...

Me gustó tu blog, pero dónde está lo conciso, no lo encuentro; estaré siguiendote muy de cerca. Suerte.
PD: La sabiduría desborda en tu blog.

Pablo Cardenas Gismondi dijo...

Realmente un lugar exquisito. Pero, vita brevis, ars longa. Que su breve existencia sea muy, muy larga. Gracias.

Aldus dijo...

Gracias por sus comentarios! Lo conciso está en las citas latinas, mis comentarios tienden, por el contrario, a ser extensos.

Saludos,

Darío