jueves, 5 de agosto de 2010

Cicerón en español en la web

Me alegro mucho de que algunos lectores me hayan hecho saber el placer que les produjo la lectura de Cicerón. Teset me pregunta dónde es posible encontrar más de sus textos en español en la web. Buscando para responderle, encuentro que la Biblioteca Jurídica Virtual de la UNAM ha publicado en su sitio los textos de algunas antiguas pero excelentes traducciones de casi todas sus obras.
Aquí os dejo la lista, espero que la disfrutéis (para el link correspondiente haced click sobre la palabra tomo en cada uno de los puntos):
1. tomo I: De la invención retórica, Retórica a Herennio, Tópicos, Particiones oratorias, Del mejor género de oradores; Menéndez Pelayo, Marcelino (Traductor); 1924.
2. tomo II; Diálogos del orador; Menéndez Pelayo, Marcelino (Traductor); 1928.
3. tomo III; De la naturaleza de los dioses, Del sumo y del sumo mal; Menéndez Pelayo, Marcelino (Traductor); 1928.
4. tomo IV: Los oficios, Diálogos de Cicerón; Valbuena, Manuel (Traductor); 1928.
5. tomo V: Cuestiones tusculanas, De la adivinación; Díaz Tendero y Fernández Llera y Calvo (Traductores); 1924.
6. tomo VI: De la República, Tratado de las leyes; Navarro y Calvo, Francisco (Traductor); 1924.
7. tomo VII: Epístolas familiares I; Abril, Pedro Simón (Traductor); 1924.
8. tomo VIII: Epístolas familiares II; Simón Abril, Pedro (Traductor); 1924.
9. tomo IX: Cartas a Ático; Navarro y Calvo, Francisco (Traductor); 1927.
10. tomo X: Cartas a Ático; Navarro y Calvo, Francisco (Traductor); 1927.
11. Falta tomo XI.
12. tomo XII: Proceso de Verres; Menéndez Pelayo, Marcelino (Traductor); 1927.
13. tomo XIII: Proceso de Verres; Díaz Tendero, y Fernández Llera y Calvo (Traductores); 1917.
14. tomo XIV: Segundo discurso sobre la ley agraria, En defensa de Cayo Rabirio; Díaz Tendero y Fernández Llera y Calvo; 1917.
15. tomo XV: Discurso de Cicerón al Senado cuando volvió del destierro, Discurso por su casa, En defnesa de P. Sixto, Contra P. Vatinio, Sobre la respuesta a los Auríspices, Sobre las provincias consulares, En defensa de Cornelio Balbo; Díaz Tendero y Fernández Llera y Calvo (Traductores); 1919.
16. tomo XVI: En defensa de M. Celio, Contra L. Calpurnio Pisón, Contra Cneo Plancio, En defensa de T.A. Milón, Gracias a César por la repatriación de Marcelo, En defensa de Q. Ligario; Díaz Tendero y Fernández Llera y Calvo (Traductores); 1919.
17. tomo XVII: En defensa del rey Deyotaro, Filípicas contra Marco Antonio; Díaz Tendero y Fernández Llera y Calvo (Traductores); 1922

domingo, 1 de agosto de 2010

Si no has leído a Cicerón, entonces te felicito

Te felicito, porque todavía te queda reservado en esta vida el inmenso placer de leer sus obras por primera vez.

Cicerón es, sin duda, el verdadero padre del humanismo, uno de los máximos exponentes de la prosa latina y un convencido creyente en el poder de las palabras, del discurso, como máxima manifestación del espíritu. Pero no es por esto último que recomiendo su lectura, sino porque se trata, según creo, de un de los mayores goces que puedan alcanzarse sobre la tierra. Es cierto que sobre gustos no debe discutirse (de gustibus non est disputandum), pero si has llegado hasta esta recóndita página movido por algún interés en su contenido, es muy probable que puedas disfrutar de la lectura de Cicerón de la misma forma en que yo lo he hecho.

Para terminar de convenceros, aquí os dejo el inicio de una de sus obras más bellas, el diálogo sobre el orador junto con un link a una página en la que podréis encontrar el texto completo. Si lo leéis, hacedme saber qué os pareció.

Diálogo sobre el orador - Prefacio I:

Trayendo yo muchas veces a la memoria los tiempos antiguos, siempre me han parecido muy felices, oh hermano Quinto, aquellos hombres que habiendo florecido en la mejor edad de la república, insignes por sus honores y por la gloria de sus hechos, lograron pasar la vida sin peligro en los negocios o con dignidad en el retiro. Ha llegado el tiempo en que a todos parecería justo (y sin dificultad me lo concederían) que yo comenzase a descansar y aplicar el ánimo a nuestros estudios predilectos, cesando ya en mi vejez el inmenso trabajo de los negocios forenses y la asidua pretensión de los honores. Pero esta esperanza y propósito mío se han visto fallidos por las calamidades públi cas y por mi varia fortuna. Donde pensé hallar tranquilidad y sosiego, me asaltó un torbellino de cuidados y molestias. Ni por más que vivamente lo deseaba, pude dedicar el fruto de mis ocios a cultivar y refrescar entre nosotros aquellas artes a que desde la infancia me he dedicado. Ya en mi primera edad asistí a aquella revolución y trastorno del antiguo régimen; llegué al Consulado en medio de confusiones y peligros, y desde el consulado hasta ahora he tenido que luchar con las mismas olas que yo aparté de la república y que luego se alborotaron contra mí. Pero ni la aspereza de mi fortuna ni lo difícil de los tiempos serán parte a que yo abandone los estudios y no dedique a escribir todo el tiempo que me dejen libre el odio de mis enemigos, las causas de mis amigos o el interés de la república.

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