jueves, 11 de noviembre de 2010

Peter Heather – La caída del Imperio Romano

The Fall of the Roman Empire: A New History of Rome and the Barbarians


Si bien no se trata de ninguna novedad editorial, hoy me permito recomendarles un libro que he leído recientemente

La caída del imperio romano se diferencia claramente de la línea historiográfica dominante en los estudios de las últimas décadas sobre el Bajo Imperio Romano, cuya figura principal es, sin duda, P. Brown. Dicha línea historiográfica ha estado orientada mayoritariamente hacia temas culturales y se ha caracterizado por una inevitable disgregación temática. Heather propone, por el contrario, una narrativa amplia, que abarca los principales procesos sociales, económicos y culturales, pero se concentra en el problema central de la historia político-militar del período: las causas de la desaparición del imperio romano de occidente. El eje central de la obra es el rechazo de la tesis que considera a factores internos (principalmente la transformación del imperio en un Estado autoritario con un peso impositivo asfixiante) como los causantes de la caída. Tesis expuesta en su forma clásica en las obras de M. Rostovzeff y A. H. M. Jones. Heather argumenta, por el contrario, a favor de los factores externos como preponderantes en ese proceso, en concreto: el impacto de los desplazamientos de los pueblos germánicos hacia el interior del imperio ante la avanzada de los hunos.


En una primera parte de la obra (“La pax romana”), Heather analiza la evolución que llevó al imperio romano, tras sobrevivir la crisis del siglo III, a asumir su forma tardoantigua característica, acentuando que esa transformación no implicó una disminución significativa en la eficiencia y capacidad de su aparato estatal. La segunda parte, “La crisis”, constituye el núcleo central de la obra. Heather expone aquí en forma detallada la compleja serie de eventos desencadenada por la expansión del poderío huno en la estepa euroasiática. El ingreso de los godos, inicialmente como refugiados, al territorio imperial y la posterior catástrofe militar representada por la derrota del ejército romano en la batalla de Adrianópolis (378) marcan el inicio de un proceso de deterioro de la capacidad militar romana. Los godos constituirán el primer poder independiente con control territorial dentro del imperio. La segunda oleada de invasiones (c.405-408) llevará a la creación de otros poderes germánicos autónomos, que substraerán en forma creciente al Estado romano occidental sus recursos fiscales, afectando su capacidad de reacción militar en forma decisiva. La conformación de un imperio huno controlado por el liderazgo de Atila produjo, en opinión de Heather, una relativa estabilización de la situación, pero su disgregación tras la muerte de esta carismática figura produjo nuevos desplazamientos migratorios, a los que el Estado romano no podía presentar una respuesta militar adecuada.

La tercera y última parte, “La caída de los imperios”, analiza la desaparición del imperio huno y la incapacidad final del territorialmente disminuido imperio romano de occidente de recuperar las provincias bajo el control de los nuevos reinos germánicos. La deposición del último emperador, Rómulo Augústulo, en 476 sólo certificó la defunción de un imperio ya inexistente. Para Heather los efectos de la creación de poderes germánicos autónomos en suelo romano fueron –como ya se indicó– los factores determinantes en el proceso que llevó a la caída del imperio romano occidental, pero no por ello deja él de reconocer la gran contribución al mismo de las limitaciones políticas y burocráticas de la estructura estatal del imperio tardoantiguo.

jueves, 4 de noviembre de 2010

2500 años de la batalla de Maratón

En el mes de septiembre pasado se cumplieron 2500 años de la gran batalla que enfrentó a atenienses y persas en la planicie de Maratón en el Ática y definió el resultado de la Primera Guerra Médica. 

El ejército de Atenas era superado ampliamente en número por el enemigo, quien además disponía de abundantes fuerzas de caballería. A pesar de su desventajosa situación, los griegos sorprendieron a los persas extendiendo sus líneas en el centro pero manteniendo la fuerza de las alas para evitar un movimiento envolvente. Los hoplitas griegos realizaron, además, una larga carga de más de un kilómetro para entrar en combate antes de lo que los persas lo esperaban. El delgado centro griego retrocedió ante la presión de los persas, que habían colocado allí sus mejores tropas, pero sus alas hicieron huir al enemigo y se volvieron contra el centro persa que quedó rodeado. La victoria ateniense fue completa, mientras que sus fuerzas padecieron sólo 192 bajas, los persas perdieron unos 6500 hombres. Los invasores, sin darse todavía por vencidos, embarcaron nuevamente a los restos de su ejército e intentaron un desembarco en Atenas, pero los atenienses marcharon hacia allí a toda velocidad e hicieron fracasar una vez más sus planes, no quedándoles más que abandonar Grecia.


La batalla de Maratón fue, sin duda, uno de los acontecimientos trascendentales de la historia universal. El inesperado triunfo de los hoplitas atenienses liderados por Milcíades definió el curso de la historia occidental al garantizar la independencia de las póleis griegas frente a la avanzada del imperio persa. Los grandes aportes de la cultura griega clásica, la filosofía, el drama, la teoría política, la historiografía fueron productos propios del estilo de vida en la pólis, una forma de organización con características muy peculiares, completamente diferentes de las formas estatales que habían surgido en Oriente, que siempre habían culminado en estructuras de poder concentradas como la de Persia. La gran contribución de la polis al desarrollo político del mundo mediterráneo fue el concepto de ciudadanía. Las póleis griegas de la época presentaban gran diversidad de formas, pero un elemento central en la mayoría de ellas era la participación directa en la dirección del Estado de grupos relativamente amplios de los propietarios del suelo. Atenas era el caso más extremo, en el que las reformas de Clístenes habían creado, un par de décadas antes de la batalla, un sistema de participación política de todos los ciudadanos, sin importar su posición o riqueza. Si los atenienses hubieran sido derrotados en Maratón, eso habría significado el fin de este experimento democrático. En efecto, el último tirano ateniense, el cruel Hipias, que se había exiliado en Persia, era uno de los incitadores de la invasión y acompañaba a las tropas persas actuando como guía y consejero, aspirando a recuperar su antigua posición tras una eventual victoria.

Maratón fue un gran triunfo de la joven democracia griega, que llena de confianza en sí misma iniciaría el camino que la llevaría a transformarse en una potencia marítima y en el centro cultural de Grecia. Los persas no se habían resignado a esta situación e intentarían nuevamente someter a los griegos, pero esa es ya otra historia.